Intenta tratar a los demás como te gustaría que te trataran
Ésta es una versión positiva de “La Regla de
Oro”.
No te sorprendas si alguien parece resentirse
cuando le dicen que “sea bueno”. Pero es posible que
el resentimiento no venga de la idea de “ser bueno”.
Tal vez brota del hecho de que la persona tiene un
malentendido de lo que eso significa.
Podríamos meternos en gran cantidad de opiniones
y confusiones conflictivas sobre lo que podría ser
“buena conducta”. Tal vez alguien nunca haya entendido
por qué se le dio cierta calificación en “conducta”
(incluso cuando el maestro sí lo haya entendido). Es
posible que incluso se le haya dado información falsa
al respecto o que él la haya asumido: “A los niños se
les debe ver pero no escuchar”, “ser bueno es estar
inactivo”.
Sin embargo, existe una forma de aclarar todo a
nuestra completa satisfacción.
En todas las épocas, y en la mayoría de los lugares,
la humanidad ha respetado y reverenciado ciertos
valores llamados virtudes45. Se han atribuido a los sabios,
a los hombres sagrados, a los santos y a los dioses.
Han marcado la diferencia entre una persona bárbara
y una persona culta; han marcado la diferencia entre
el caos y una sociedad decente.No se necesita en absoluto un mandato del cielo
ni la búsqueda tediosa en los gruesos tomos de los
filósofos para descubrir lo que es “bueno”; puede
ocurrir una revelación personal en este tema.
Casi cualquier persona podrá encontrar la
respuesta.
Si pensáramos cómo nos gustaría que otros nos
trataran, descubriríamos las virtudes humanas. Sólo
busca la manera en que te gustaría que otros te trataran.
Es posible que, ante todo, quieras que te traten
con justicia: no te gustaría que los demás mintieran
sobre ti ni que te condenaran con falsedad o dureza,
¿de acuerdo?
Querrías que tus amigos y compañeros fueran
leales: no te gustaría que te traicionaran.
Querrías que te trataran a la manera de un buen
deportista46, que no te embaucaran ni te hicieran trampa.
Querrías que las personas fueran imparciales al tratar
contigo.
Querrías que fueran honestas contigo y que no te
engañaran. ¿Correcto?
Tal vez quieras que se te trate con bondad y no con
crueldad.
Es posible que quieras que las personas tomen en
consideración tus derechos y sentimientos.
Cuando te sintieras deprimido, tal vez te gustaría
que otros te compadecieran.
Tal vez desearías que otros mostraran control de sí
mismos en lugar de que te maldijeran, ¿cierto?Si tuvieras algún defecto o imperfección, si
cometieras un error, es probable que quisieras que
los demás fueran tolerantes, no críticos.
Tal vez prefieras que las personas sean capaces de
perdonar, en lugar de concentrarse en la censura y el
castigo. ¿Correcto?
Tal vez querrías que las personas fueran benévolas
contigo, no malas ni mezquinas.
Es posible que desees que otros crean en ti, que no
duden de ti siempre.
Es probable que prefieras que se te respete, y no
que se te insulte.
Es posible que quieras que otros sean amables
contigo y que también te traten con dignidad. ¿Verdad?
Tal vez quieras que la gente te admire.
Cuando has hecho algo por ellas, es posible que
quieras que las personas te aprecien. ¿Correcto?
Es probable que quieras que sean amigables contigo.
De algunos podrías querer amor.
Y, sobre todo, no querrías que estas personas sólo
aparentaran estos sentimientos; querrías que sus
actitudes fueran completamente reales y que actuaran
con integridad.
Tal vez podrías pensar en otras virtudes. Tienes
los preceptos que contiene este libro y habrás elaborado
un resumen de lo que llamamos las virtudes.
No se requiere de una gran imaginación para
reconocer que si los demás nos trataran de este modo
regularmente, nuestra vida estaría en un nivel
placentero. Y es dudoso que alguien acumulara mucho
rencor hacia quienes le trataran de esta manera.Existe un fenómeno47 interesante en las relaciones
humanas. Cuando una persona le grita a otra, ésta
siente el impulso de responder gritando. Casi siempre
se nos trata de manera muy parecida a como tratamos
a los demás: de hecho, ponemos el ejemplo de cómo
se nos debería tratar. A es malo con B, por lo tanto B
es malo con A; A es amistoso con B, por lo tanto B es
amistoso con A. Estoy seguro de que has visto esto en
acción continuamente. Jorge odia a todas las mujeres,
por consiguiente, las mujeres tienden a odiar a Jorge.
Carlos es rudo con todos, así que los demás tienden a
actuar con rudeza hacia él, y si no se atreven a hacerlo
abiertamente, es posible que en privado abriguen un
impulso de actuar con mucha rudeza hacia Carlos, si
alguna vez tuvieran la oportunidad.
En el mundo irreal de la ficción y las películas, se
ven villanos corteses con pandillas muy eficientes, y
héroes solitarios en realidad son unos patanes48. La
vida real no es así: por lo general, los verdaderos
villanos son personas muy rudas, y sus secuaces lo
son aún más: Napoleón y Hitler fueron traicionados
a diestra y siniestra por su propia gente. Los verdaderos
héroes son la gente más discreta al hablar que hayas
conocido y son muy corteses con sus amigos.
Cuando tenemos la suerte de conocer y hablar
con personas que han llegado a la cima en sus
profesiones, nos impresiona la observación que a
menudo se hace de que son probablemente las
personas más gentiles que jamás hayas conocido. Es
una de las razones de que estén en la cima: casi todasellas intentan tratar bien a los demás, y quienes están
cerca de ellas responden intentando tratarlas bien e
incluso perdonando los pocos errores que puedan
cometer.
Muy bien, podemos encontrar por nosotros mismos
las virtudes humanas al reconocer cómo nos gustaría
que se nos tratara. Y supongo que estarás de acuerdo
en que basándonos en eso podríamos resolver cualquier
confusión respecto a lo que es en realidad la “buena
conducta”. Esta dista mucho de ser inactiva, de
sentarse quieto con las manos en el regazo y no decir
nada; “ser bueno” puede ser una actividad muy viva y
poderosa.
Se encuentra muy poca alegría en la solemnidad
melancólica y restringida. Cuando algunas personas
de épocas pasadas dieron a entender que la práctica
de la virtud exigía una vida severa y deprimente,
parecían dar a entender que todo placer brotaba de
la maldad; nada podía estar más lejos de los hechos.
¡La alegría y el placer no surgen de la inmoralidad! ¡Al
contrario! La alegría y el placer surgen sólo en los
corazones honestos: las personas inmorales llevan
vidas muy trágicas, llenas de sufrimiento y de dolor.
Las virtudes humanas nada tienen que ver con la
melancolía; son la cara brillante de la vida misma.
¿Qué crees que pasaría si intentáramos tratar a los
que nos rodean con justicia, lealtad, a la manera de un
buen deportista, con imparcialidad, honestidad, bondad,
consideración, compasión, control de uno mismo, tolerancia,
perdón, benevolencia, fe, respeto, amabilidad, dignidad,
admiración, amistad, amor y lo hiciéramos con integridad?Tal vez se requiera tiempo, pero, ¿no crees que
muchos otros empezarían a intentar tratarnos de la
misma manera?
Incluso dando margen a errores ocasionales (la
noticia que nos sorprende casi haciéndonos perder
los estribos, el ladrón al que tenemos que golpear en
la cabeza, el imbécil que conduce con lentitud en el
carril de alta velocidad cuando se nos hace tarde para
llegar al trabajo) debiera ser claro que nos elevaríamos
a un nuevo plano en las relaciones humanas. Nuestro
potencial de supervivencia aumentaría de forma
considerable. Y seguramente, la vida sería más feliz.
Podemos influir en la conducta de quienes nos
rodean. Si no lo estamos haciendo ya, podemos hacer
que sea mucho más fácil con sólo escoger una virtud
al día y especializarnos en ella durante ese día. Al
hacerlo así, al final se tendrán todas.
Además del beneficio personal, podríamos ayudar
aunque sea un poco a empezar una nueva era en las
relaciones humanas.
El guijarro que se arroja en un estanque, puede
producir ondas que llegan hasta la orilla más lejana.
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